Septiembre siempre llega con la misma sensación: «empiezo de nuevo».
Después del verano muchas personas sienten que han comido peor, han hecho menos ejercicio o han perdido la rutina. Y entonces aparecen las promesas de empezar una dieta estricta, entrenar todos los días o «compensar» todos los excesos de las vacaciones.
Pero, ¿y si este año lo hacemos diferente?
La vuelta a la rutina no debería ser un castigo. Debería ser una oportunidad para recuperar hábitos que te hacen sentir bien, sin culpa y sin obsesiones.
El verano no ha estropeado tu salud
Una de las primeras cosas que me gusta recordar en consulta en septiembre es esta: unas semanas no borran todo lo que has hecho durante el resto del año.
Comer más helados, salir a cenar con amigos o hacer menos ejercicio durante las vacaciones forma parte de la vida.
La salud no depende de lo que haces entre julio y agosto, sino de lo que haces de forma habitual el resto del año.
Por eso, antes de pensar en «compensar», piensa en volver poco a poco a tus rutinas.
No empieces con una dieta detox
Cada septiembre vuelven a aparecer los zumos detox, los ayunos de varios días y las dietas milagro para «limpiar el organismo».
La realidad es que tu cuerpo ya tiene órganos encargados de eliminar sustancias de desecho: el hígado, los riñones, los pulmones y el intestino.
No necesitas hacer una dieta extrema para «desintoxicarte». Lo que realmente necesita tu cuerpo es volver a una alimentación equilibrada, descansar bien y recuperar el movimiento.
No intentes cambiar toda tu vida el lunes
Es muy habitual querer hacerlo todo de golpe:
Empezar a entrenar seis días.
Comer perfecto.
Beber dos litros de agua.
Dormir ocho horas.
Eliminar el azúcar.
Cocinar todos los días.
¿El problema? Que ese nivel de exigencia suele durar muy poco.
Los hábitos que permanecen no son los más estrictos, sino los más realistas.
Empieza por uno o dos cambios que realmente puedas mantener.
Recupera horarios antes que restricciones
Después del verano es normal que los horarios hayan cambiado.
Antes de eliminar alimentos o contar calorías, suele ser mucho más útil recuperar una estructura:
Volver a desayunar si antes lo hacías.
Intentar mantener horarios más regulares.
Planificar la compra.
Cocinar algunos platos con antelación.
Muchas veces el problema no es lo que comemos, sino el desorden que se instala durante las primeras semanas.
Muévete porque te hace sentir bien, no para compensar
Una de las frases más peligrosas de septiembre es:
«Tengo que quemar todo lo que he comido este verano.»
El ejercicio no debería ser un castigo.
Entrenar mejora la salud cardiovascular, la fuerza, el estado de ánimo, el descanso y la energía.
Si empiezas a hacer ejercicio únicamente para compensar una comida o unas vacaciones, es muy probable que acabes abandonándolo cuando desaparezca esa motivación.
Septiembre también es un buen momento para organizarse
Muchas veces no necesitamos más motivación, sino más organización.
Dedicar una hora el fin de semana a planificar el menú, hacer la compra o dejar algunas comidas preparadas puede evitar muchas decisiones impulsivas durante la semana.
La rutina no consiste en hacerlo todo perfecto.
Consiste en ponértelo fácil.
No compares tu verano con el de las redes sociales
En septiembre las redes se llenan de transformaciones físicas, retos de 21 días y mensajes como «ahora sí».
Es fácil sentir que todo el mundo ha vuelto con una motivación infinita menos tú.
Pero recuerda que las redes muestran una parte muy pequeña de la realidad.
No necesitas empezar una dieta porque otra persona haya decidido hacerlo.
Necesitas construir hábitos que encajen con tu vida.
El objetivo no es volver a tu peso de junio
Muchas personas se pesan el primer día de septiembre y dejan que ese número determine cómo se van a sentir el resto del mes.
Pero la salud no se resume en un número de la báscula.
Quizá este septiembre el objetivo no debería ser perder cinco kilos.
Quizá el objetivo sea volver a desayunar tranquilo, cocinar más en casa, caminar todos los días o dejar de cenar delante del ordenador.
Los pequeños hábitos generan grandes cambios cuando se mantienen en el tiempo.
La mejor rutina es la que puedes mantener en octubre
Es muy fácil estar motivado durante la primera semana.
Lo difícil es seguir cuidándote cuando llegan los días de estrés, el trabajo, los niños o el cansancio.
Por eso, antes de preguntarte «¿Cuál es la dieta más rápida?», pregúntate:
«¿Qué hábitos podría seguir haciendo dentro de tres meses?»
Esa respuesta probablemente sea la que más resultados te dé.
Conclusión
Septiembre no debería ser el mes de la culpa ni de las dietas extremas. Debería ser el mes de volver a cuidarte desde el equilibrio.
No necesitas compensar el verano, ni castigarte por haber disfrutado de unas vacaciones.
Necesitas recuperar poco a poco esos hábitos que te hacen sentir con más energía, descansar mejor y disfrutar de la comida sin miedo.
Porque los cambios que realmente transforman tu salud no empiezan con una dieta de lunes. Empiezan con pequeños hábitos que eres capaz de mantener durante todo el año.
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