Viajar a Asia es una experiencia increíble desde el punto de vista cultural y gastronómico. Sin embargo, también es uno de los destinos donde con más frecuencia aparecen alteraciones digestivas como diarrea del viajero, gastroenteritis, intoxicaciones alimentarias o cambios en el tránsito intestinal. Esto no significa que debas viajar con miedo ni renunciar a probar la gastronomía local. Con unas medidas sencillas puedes reducir mucho el riesgo y disfrutar del viaje con tranquilidad.
¿Por qué son más frecuentes los problemas digestivos?
Cuando viajamos a otro país nuestro aparato digestivo se enfrenta a un entorno completamente diferente.
Cambian los microorganismos presentes en el agua y los alimentos, la forma de cocinar, las especias, los horarios, el clima e incluso el estrés del propio viaje.
Todo ello puede alterar la microbiota intestinal y hacer que algunas personas sean más propensas a desarrollar síntomas digestivos.
El agua: la primera medida de prevención
Uno de los principales focos de infección durante un viaje suele ser el agua.
Siempre que viajes a países donde la calidad del agua pueda ser diferente, utiliza agua embotellada para beber y, si es posible, también para lavarte los dientes.
Comprueba que la botella esté correctamente precintada antes de abrirla.
También conviene evitar el hielo si no tienes la certeza de que ha sido elaborado con agua potable.
Mucho cuidado con los alimentos crudos
Las frutas y verduras son muy saludables, pero durante un viaje conviene extremar las precauciones.
Prioriza frutas que puedas pelar tú mismo, como plátano, naranja o mango.
Las ensaladas o verduras crudas pueden haberse lavado con agua no potable, por lo que es preferible consumirlas únicamente en establecimientos de confianza.
La regla de oro: «cocínalo, hiérvelo o pélalo»
Es una de las recomendaciones más utilizadas en medicina del viajero.
Los alimentos recién cocinados y servidos calientes suelen ser mucho más seguros que aquellos que llevan horas a temperatura ambiente.
Si una comida está bien cocinada y sale directamente del fuego, el riesgo disminuye considerablemente.
¿Y la comida callejera?
La comida callejera forma parte de la cultura de muchos países asiáticos y no siempre hay que evitarla.
La clave está en elegir bien.
Observa si el puesto tiene mucha rotación de clientes, si la comida se cocina en el momento y si mantiene unas condiciones básicas de higiene.
Desconfía de alimentos que llevan mucho tiempo expuestos al calor o al aire libre.
Muchas veces un pequeño puesto lleno de gente local puede ser una opción más segura que un buffet donde la comida lleva horas preparada.
Cuida tu microbiota antes del viaje
Si tienes tendencia a sufrir problemas digestivos, puede ser interesante preparar el intestino unas semanas antes del viaje.
Mantener una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, alimentos fermentados (si los toleras) y fibra ayuda a favorecer una microbiota más diversa y resistente.
En algunas personas, especialmente aquellas con antecedentes de diarrea del viajero o patologías digestivas, un profesional puede valorar el uso de determinados probióticos antes y durante el viaje.
No todos los probióticos sirven para lo mismo, por lo que conviene individualizar su elección.
Lleva un pequeño botiquín digestivo
Si vas a realizar un viaje largo, es recomendable preparar un botiquín básico.
Puede incluir:
-Sales de rehidratación oral.
– Probióticos recomendados por un profesional.
– Medicación para diarrea si tu médico la considera adecuada.
– Antieméticos o antiespasmódicos si tienes antecedentes.
– Tu medicación habitual.
No esperes a necesitarlo para buscar una farmacia en otro país.
No subestimes la hidratación
Las altas temperaturas y la humedad de muchos países asiáticos favorecen la deshidratación.
Si además aparece diarrea o vómitos, el riesgo aumenta.
Bebe agua de forma frecuente y, si presentas pérdidas importantes de líquidos, utiliza soluciones de rehidratación oral para reponer también electrolitos.
Si tienes una patología digestiva, planifica el viaje
Si padeces SIBO, síndrome de intestino irritable, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa o cualquier otra enfermedad digestiva, merece la pena preparar el viaje con algo más de antelación. Lleva suficiente medicación para todos los días del viaje y algunos días extra por si hubiera retrasos.
Investiga con antelación supermercados o restaurantes que puedan adaptarse mejor a tus necesidades y evita hacer cambios muy bruscos en la alimentación durante los primeros días.
¿Cuándo debes consultar a un médico?
Aunque la mayoría de las diarreas del viajero son leves y mejoran en pocos días, hay situaciones en las que es importante buscar atención médica.
Consulta si presentas:
Fiebre alta.
Sangre en las heces.
Vómitos persistentes que impiden hidratarte.
Diarrea intensa durante varios días.
Signos de deshidratación como mareos, debilidad o disminución importante de la orina.
Disfruta de la gastronomía… con sentido común
Uno de los mayores atractivos de viajar a Asia es descubrir nuevos sabores.
No hace falta comer únicamente arroz blanco por miedo a enfermar.
El objetivo es disfrutar de la experiencia siendo prudente: elegir establecimientos con buena higiene, priorizar alimentos recién cocinados y cuidar aspectos básicos como el agua y la manipulación de los alimentos.
Conclusión
La mayoría de los problemas digestivos durante un viaje pueden prevenirse con medidas relativamente sencillas.
Cuidar la hidratación, elegir bien dónde comer, preparar la microbiota antes del viaje y llevar un pequeño botiquín pueden marcar la diferencia entre disfrutar de la experiencia o pasar varios días con molestias digestivas.
Viajar debería ser sinónimo de descubrir nuevos lugares y nuevas culturas, no de preocuparse constantemente por el intestino. Con una buena planificación, puedes disfrutar de la gastronomía local con mucha más tranquilidad.
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