Las comidas de Navidad suelen ser sinónimo de familia, sobremesas interminables, platos que solo probamos una vez al año y mucha tradición en la mesa. Pero, cuando convives con SIBO, colon irritable o alguna patología digestiva, estas mismas situaciones pueden transformarse en nervios, miedo a sentirte mal después de comer o simplemente la sensación de que cada plan navideño va acompañado de un posible síntoma digestivo.
Y sí, en Navidad se come más, se cocina diferente y se sale de la rutina. Pero eso no significa que no puedas disfrutar ni mucho menos que tengas que pasarte las fiestas evitando cada plato que aparece delante.
De hecho, a veces la restricción emocional o el miedo a «hacerlo mal» genera más síntomas digestivos que la propia comida.
La Navidad no debería ser un examen digestivo
Hay algo que siempre recuerdo a mis pacientes en estas fechas: no vienes a evaluar tu intestino, vienes a pasar tiempo con personas que te importan. Y eso también es salud.
Muchas personas con patologías digestivas afrontan estas fechas desde la mentalidad de “tengo que portarme bien”, cuando simplemente lo que necesitas es escucharte. No se trata de comer como todos, pero tampoco de renunciar a todo.
El equilibrio está justo ahí: en elegir desde la tranquilidad, no desde el miedo.
Lo que realmente empeora los síntomas (no solo el menú). A veces pensamos que es el turrón, o el postre, o esa copa de vino. Pero muchas veces, lo que más afecta en Navidad es el cambio de horarios, el estrés, dormir peor, estar en constante movimiento o sentirte observado cuando comes:
– comentarios familiares
– presión para comer más
– miedo a molestar
– comparación
– tensión emocional
Y sí, la digestión también depende de cómo te sientes emocionalmente.
Respirar, tomarte tu tiempo, masticar y sentirte tranquila frente a la comida puede hacer más por tu digestión que cambiar todo el menú.
¿Y si te cuidas antes de sentarte a la mesa?
Hay pequeños gestos que marcan una diferencia gigante estos días:
1. no llegar con hambre excesiva
2. intentar no comer demasiado rápido
3. descansar un poco después
4. y si puedes, caminar 10–15 minutos
Son cosas que no solo ayudan a tu digestión, sino que además te mantienen presente y más tranquila.
Y sobre el alcohol… Si decides beber, intenta elegir opciones más secas o menos dulces. Un vino tinto o cava brut suele ser mejor tolerado que mezclas con refrescos azucarados.
Platos navideños que suelen sentar mejor
Esto puede ayudarte a escoger sin sentir que te limitas:
– pescados al horno (lubina, salmón, merluza…)
– pollo o pavo asado con verduras asadas (calabaza, zanahoria, boniato)
– puré de papas
– caldos suaves
Pero recuerda: si algo algún día te sienta peor, no significa que has “fallado”. Simplemente tu intestino ese día reaccionó diferente.
Para cerrar…
La Navidad no tiene por qué ser miedo, síntomas o sensación de “me tengo que cuidar el doble después”. También puede ser una época de autocuidado, descanso, conexión y disfrute.
No estás obligada a comer como todos, pero tampoco a privarte de todo. Puedes cuidarte sin castigarte, escuchar tu cuerpo sin obsesionarte y disfrutar sin miedo.
Porque al final, la digestión no solo ocurre en el estómago… ocurre también en la manera en la que vives cada momento.
Y eso también merece ser celebrado ❤️
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