Las vacaciones son para desconectar, relajarse y disfrutar. Pero si tienes el sistema digestivo sensible —con tendencia a hinchazón, estreñimiento, digestiones lentas o patologías como SIBO, colitis o disbiosis—, los cambios en la rutina pueden pasar factura.
Comer fuera, dormir diferente o alterar tus horarios es normal en esta época, pero hay muchas formas de disfrutar sin que tu digestión se resienta.
Aquí te dejo mis mejores consejos como nutricionista especializada en salud digestiva para cuidarte (de verdad) mientras viajas o estás de vacaciones.
No necesitas seguir tu horario habitual al minuto, pero mantener cierta estructura ayuda mucho al intestino.
Procura:
No pasar demasiadas horas sin comer.
Incluir algo de movimiento diario (aunque sea un paseo después de comer).
No trasnochar todos los días: el descanso es clave para el equilibrio digestivo y hormonal.
Tip: tu intestino tiene su propio “reloj biológico”. Respetar horarios parecidos para comer y dormir puede reducir el estreñimiento, la acidez o la sensación de pesadez.
Comer fuera no tiene por qué ser sinónimo de comer mal. Solo necesitas aprender a elegir con criterio sin sentirte limitada:
Opta por platos simples y caseros (a la plancha, al vapor, al horno).
Evita salsas pesadas, rebozados o frituras diarias.
Prioriza verduras, proteínas de calidad y grasas saludables.
Si tienes el intestino sensible, cuidado con el exceso de ajo, cebolla, legumbres o alcohol.
Consejo práctico: si vas a comer un plato más copioso o fuera de tus rutinas digestivas, compensa con una cena ligera y calmante (como crema de verduras o pescado blanco con calabacín).
El calor y los viajes aumentan la deshidratación, y eso empeora el tránsito intestinal.
Bebe agua con frecuencia, incluso si no tienes sed.
Añade infusiones digestivas (menta, jengibre, hinojo) o agua con unas gotas de limón.
Si viajas en avión o tren, lleva siempre tu botella reutilizable.
Evita abusar de refrescos, alcohol o bebidas con gas: inflaman y alteran la microbiota intestinal.
El movimiento favorece la motilidad intestinal y mejora la digestión.
No hace falta entrenar: caminar, nadar o simplemente dar un paseo después de comer ya marca la diferencia.
Tip: si eres propensa al estreñimiento, intenta moverte después del desayuno. Estimula el intestino de forma natural.
Durante las vacaciones es fácil caer en los extremos: pasar muchas horas sin comer o picar constantemente. Ambos alteran el sistema digestivo.
Lo ideal es mantener 3 comidas principales y algún snack si lo necesitas (fruta, frutos secos, yogur o barrita saludable).
Consejo digestivo: no llegues a las comidas con hambre extrema. Comer demasiado rápido o en exceso es una de las principales causas de digestiones pesadas y gases.
Aunque suene contradictorio, muchas personas se sienten más “estresadas” viajando: cambios de horarios, comidas nuevas, calor, convivencia…
El sistema digestivo es muy sensible a estas alteraciones.
Clave: respira profundo antes de comer, mastica bien y come despacio.
Esto activa tu sistema nervioso parasimpático, el responsable de una buena digestión.
Los cambios de agua, clima o alimentos pueden alterar el tránsito intestinal.
Lleva snacks digestivos seguros: arroz inflado, galletas de avena, frutos secos, barritas naturales.
Si eres propensa al estreñimiento, aumenta la fibra soluble (avena, chía, kiwi, pera) y la hidratación.
Puedes llevar probióticos o enzimas digestivas si estás en tratamiento o los sueles usar por recomendación profesional.
Consejo extra: no estrenes suplementos nuevos durante el viaje. Tu sistema digestivo agradece la estabilidad.
Estar de vacaciones también significa disfrutar sin miedo. Un helado o una comida más copiosa no van a “romper” tu salud digestiva si el resto del tiempo eliges con conciencia.
El equilibrio no está en la perfección, sino en la flexibilidad y la escucha corporal.
Disfrutar sin culpa también es parte de la digestión. Cuando el cuerpo y la mente se relajan, el intestino funciona mejor.
Cuidar tu salud digestiva durante las vacaciones no significa limitarte, sino mantener algunos hábitos básicos que te hagan sentir bien sin renunciar al disfrute.
Mantén rutinas suaves.
Prioriza comidas frescas y simples.
Bebe agua y muévete un poco.
Y, sobre todo, escucha a tu cuerpo.
Tu sistema digestivo no necesita que las vacaciones sean “perfectas”, sino que sean tranquilas, placenteras y coherentes con lo que te sienta bien.
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