Si tomas creatina, haces deporte o simplemente has visto las noticias de los últimos días, probablemente te hayas encontrado con titulares bastante alarmantes:
“La creatina aumenta el riesgo de cáncer.”
“La creatina puede favorecer las metástasis.”
“La creatina alimenta las células tumorales.”
Y es normal que alguien que lleva años tomando creatina se pregunte:
¿Entonces me estoy haciendo daño sin saberlo? La respuesta, a día de hoy, es no podemos decir que la creatina provoque cáncer. Pero sí existe un estudio muy reciente que merece la pena conocer porque ha encontrado un mecanismo potencialmente relacionado con la progresión y la metástasis de tumores. La diferencia entre ambas cosas es enorme. Vamos a explicar qué encontraron los investigadores, qué parte se estudió en humanos y, sobre todo, qué conclusiones no podemos sacar de este trabajo.
La creatina es una sustancia que nuestro propio organismo produce de manera natural a partir de determinados aminoácidos. Además, podemos obtenerla a través de alimentos como la carne y el pescado.
En nuestro organismo se almacena principalmente en forma de fosfocreatina y participa en uno de los sistemas que permiten generar energía rápidamente, especialmente en tejidos con una elevada demanda energética como el músculo. Por eso la suplementación con creatina monohidrato se utiliza ampliamente en el deporte.
Su principal utilidad está relacionada con mejorar el rendimiento en esfuerzos de alta intensidad y favorecer las adaptaciones al entrenamiento de fuerza. Y precisamente porque es uno de los suplementos deportivos más estudiados, cualquier nueva investigación sobre su seguridad genera muchísimo interés.
El estudio al que hacen referencia muchos de los titulares se publicó el 15 de julio de 2026 en Nature Communications. Se titula: “Exogenous creatine supplementation promotes tumor metastasis via megakaryocyte creatine kinase B-STAT5B signaling”.
Los investigadores estudiaron si la suplementación con creatina podía modificar la actividad de las plaquetas y si esos cambios podían influir en la capacidad de las células tumorales para producir metástasis.
Y aquí está el primer punto importante: El estudio no investigó si la creatina provoca cáncer. Investigó si la creatina podía favorecer determinados mecanismos relacionados con la metástasis, es decir, la propagación de células tumorales desde un tumor existente hacia otros tejidos. No es lo mismo desarrollar un cáncer que favorecer la progresión de un cáncer que ya existe.
Los investigadores encontraron que la suplementación con creatina podía aumentar la actividad de las plaquetas. Las plaquetas son conocidas principalmente por su papel en la coagulación, pero también pueden interactuar con células tumorales que circulan por la sangre.
En los modelos experimentales utilizados, los investigadores observaron que la creatina aumentaba la actividad de las plaquetas y que estas podían proteger y favorecer la supervivencia de células tumorales circulantes, facilitando su llegada a otros tejidos. El mecanismo propuesto implica a los megacariocitos, las células de la médula ósea que producen las plaquetas, y a una vía molecular relacionada con la creatina quinasa B y STAT5B. En los modelos de ratón utilizados por los investigadores, bloquear este mecanismo redujo el efecto pro-metastásico observado.
Es un hallazgo interesante. Pero todavía tenemos que hablar de algo fundamental: ¿qué pasó en humanos?
Sí, y esta es probablemente la parte que más titulares ha generado. Los investigadores reclutaron 11 voluntarios sanos, seis hombres y cinco mujeres, de entre 20 y 25 años.
Durante 14 días tomaron: 20 gramos de creatina al día.
Los investigadores analizaron diferentes características de sus plaquetas antes y después de la suplementación. Encontraron que, después de la suplementación, las plaquetas presentaban una mayor respuesta a determinados estímulos de activación. Hasta aquí, tenemos un resultado obtenido directamente en seres humanos.
Pero hay que entender exactamente qué significa. Los 11 voluntarios no tenían cáncer. Los investigadores no siguieron a estas personas durante años para comprobar si desarrollaban cáncer. Tampoco demostraron que la creatina produjera tumores en ellos. Lo que demostraron fue que 14 días de suplementación con 20 g/día modificaron determinados parámetros relacionados con la actividad plaquetaria.
Aquí es donde el estudio se vuelve bastante más complejo. Los investigadores cogieron plaquetas de esos voluntarios antes y después de la suplementación. Después utilizaron esas plaquetas en un modelo experimental de ratón inmunodeficiente al que se habían introducido células tumorales. Las plaquetas procedentes de las personas que habían tomado creatina favorecieron una mayor formación de metástasis pulmonares en ese modelo experimental.
Esto es interesante porque conecta: creatina → cambios en las plaquetas humanas → comportamiento de esas plaquetas en un modelo experimental de metástasis.
Pero hay que tener muchísimo cuidado antes de traducir esto a: “Una persona que toma creatina tiene más posibilidades de desarrollar metástasis.”
Eso no ha sido demostrado. El experimento no es un ensayo clínico de prevención o progresión del cáncer en humanos.
Los voluntarios recibieron 20 gramos de creatina al día durante 14 días. Esto es relevante porque las dosis habituales de mantenimiento utilizadas en suplementación deportiva suelen encontrarse alrededor de 3-5 gramos diarios. Los 20 gramos diarios se utilizan habitualmente en protocolos de carga durante periodos cortos, antes de pasar a una dosis de mantenimiento.
De hecho, en los ensayos clínicos realizados en pacientes con cáncer que se incluyeron en un metaanálisis reciente, varios utilizaron precisamente una fase inicial de 20 g/día durante 5-7 días seguida de 2-5 g/día. Por tanto, no podemos asumir que los resultados obtenidos después de 14 días tomando 20 g diarios sean exactamente extrapolables a una persona que lleva años tomando 3-5 g diarios. Eso no significa que podamos ignorar el estudio. Significa que necesitamos estudios diseñados específicamente para responder esa pregunta.
Con la evidencia disponible actualmente, no podemos afirmar que la creatina sea carcinógena ni que aumente el riesgo de desarrollar cáncer. Esto es muy diferente de decir que “se ha demostrado que es completamente imposible que tenga cualquier efecto relacionado con el cáncer”. La investigación sobre nutrición y cáncer es mucho más compleja.
La creatina participa en el metabolismo energético de las células, y las células tumorales tienen unas necesidades energéticas y metabólicas particulares. Por eso se está investigando cómo el metabolismo de la creatina puede interactuar con distintos tipos de tumores. Pero actualmente no tenemos evidencia clínica que permita decir: “Tomar creatina provoca cáncer.”
Y esto es algo que los titulares suelen omitir. En 2026 también se publicó una investigación de UCLA que encontró que la creatina podía potenciar la actividad de determinadas células del sistema inmunitario que participan en la respuesta antitumoral. En modelos de melanoma en ratones, la suplementación con creatina aumentó la activación de células dendríticas y ralentizó el crecimiento tumoral.
Además, la creatina aumentó la activación de células dendríticas humanas en laboratorio. Esto tampoco significa que podamos decir: “La creatina cura el cáncer.” Porque ese estudio tampoco lo demuestra. Lo que nos enseña es algo mucho más interesante: La relación entre creatina y cáncer es biológicamente compleja. Dependiendo del tipo de célula, del contexto tumoral y del mecanismo estudiado, pueden aparecer efectos diferentes. Por eso es demasiado simplista decir que “la creatina es buena para el cáncer” o que “la creatina provoca cáncer”.
Aquí tenemos un dato muy reciente que merece mucha atención. En junio de 2026 se publicó una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados que evaluó la suplementación con creatina en pacientes con cáncer.
Los investigadores encontraron 5 ensayos clínicos con un total de 373 pacientes. Al comparar creatina con placebo:
Esto es especialmente importante porque si queremos saber si un suplemento puede ser peligroso en personas con cáncer, los ensayos clínicos en pacientes son mucho más relevantes que asumir que un resultado en ratones necesariamente ocurrirá igual en humanos. Eso sí: son pocos pacientes y seguimientos relativamente cortos. Por tanto, tampoco podemos decir que estos estudios hayan demostrado que la creatina sea segura en cualquier tipo de cáncer y durante cualquier tratamiento.
Podemos dividir la evidencia en tres niveles.
La creatina es una sustancia presente naturalmente en el organismo y en determinados alimentos. La creatina monohidrato es uno de los suplementos deportivos con mayor cantidad de investigación acumulada. En personas sanas, la evidencia disponible no demuestra que la suplementación con creatina provoque cáncer. Una revisión reciente de la evidencia sobre seguridad tampoco encontró respaldo para afirmar que aumente la carcinogenicidad en humanos.
Un estudio publicado en Nature Communications encontró que la suplementación con creatina puede aumentar la actividad plaquetaria y, en modelos animales y experimentales, favorecer determinados mecanismos relacionados con la metástasis. Además, en 11 voluntarios sanos que tomaron 20 g diarios durante 14 días se observaron cambios en la actividad de las plaquetas.
No sabemos si una persona sana que toma 3-5 g de creatina diariamente tiene un mayor riesgo de desarrollar cáncer.
No sabemos si la suplementación a largo plazo aumenta el riesgo de metástasis en personas con cáncer.
No sabemos si los resultados son iguales para todos los tipos de tumores.
No sabemos si existe una relación dosis-respuesta clínicamente relevante.
Y no sabemos si los cambios plaquetarios observados en los voluntarios se traducen en un aumento real de metástasis en personas.
Para responder a estas preguntas necesitamos estudios clínicos mucho más grandes y con seguimiento prolongado.
Para una persona sana que toma creatina con fines deportivos, este estudio por sí solo no justifica afirmar que deba abandonar la suplementación porque “la creatina da cáncer”. Eso sería sacar una conclusión que el estudio no permite. Ahora bien, hay una situación en la que sí sería prudente ser mucho más conservador: si una persona tiene un cáncer activo o está recibiendo tratamiento oncológico.
En ese contexto no recomendaría empezar, continuar o modificar la dosis de un suplemento por cuenta propia. No porque se haya demostrado que la creatina empeore el cáncer, sino porque estamos ante un contexto clínico en el que los datos todavía son insuficientes y pueden existir interacciones o consideraciones específicas del tipo de tumor y del tratamiento. De hecho, incluso los investigadores que estudian el potencial de la creatina en oncología señalan que los resultados experimentales todavía necesitan confirmación clínica.
Porque sí plantea una pregunta que merece ser investigada. Durante años hemos estudiado la creatina principalmente desde el punto de vista del músculo, el rendimiento, la fuerza y el metabolismo energético.
Este trabajo nos recuerda que la creatina no actúa exclusivamente sobre el músculo. También interviene en el metabolismo de diferentes células y puede modificar determinadas funciones celulares. El hallazgo sobre las plaquetas abre una nueva línea de investigación sobre cómo el metabolismo de la creatina podría interactuar con la progresión tumoral. Pero una nueva hipótesis científica no es lo mismo que una nueva recomendación sanitaria. Ese matiz es fundamental.
Si has visto estos días que “la creatina da cáncer”, puedes respirar. Ese titular no es lo que demuestra el estudio.
El trabajo publicado en Nature Communications en julio de 2026 encontró que la suplementación con creatina podía aumentar la actividad de las plaquetas y favorecer la metástasis en diferentes modelos experimentales. En humanos, participaron únicamente 11 personas sanas, que tomaron 20 g diarios durante 14 días. Se observaron cambios en la actividad de las plaquetas, pero no se estudió si desarrollaban cáncer ni se demostró que la creatina provocara cáncer o metástasis en personas. Además, un metaanálisis publicado en 2026 que reunió cinco ensayos clínicos y 373 pacientes con cáncer no encontró diferencias en acontecimientos adversos entre creatina y placebo ni evidencia de un empeoramiento de la supervivencia, aunque los autores remarcan que la evidencia todavía es limitada.
Por tanto, no hay motivos para decirle a una persona sana que deje de tomar creatina porque “produce cáncer”. Lo que sí tenemos es una nueva pieza del puzzle que nos recuerda que ningún suplemento debería considerarse completamente aislado de la fisiología del organismo. Y, si tienes un cáncer activo o estás recibiendo tratamiento oncológico, la situación es diferente: ahí sí merece la pena hablar con el equipo médico antes de utilizar creatina u otros suplementos.
La ciencia no consiste en elegir entre: “La creatina es maravillosa.» o “La creatina es cancerígena.” Consiste en mirar los estudios, entender qué han medido realmente y no convertir un resultado experimental en una conclusión que todavía no podemos hacer.
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