La migraña no es simplemente un dolor de cabeza fuerte. Es una enfermedad neurológica compleja que puede acompañarse de náuseas, vómitos, sensibilidad a la luz y al sonido, alteraciones visuales y una gran repercusión en la calidad de vida. Y aunque todavía no conocemos todas las causas que hacen que una persona desarrolle migraña, en los últimos años ha cobrado cada vez más importancia una conexión que puede resultar sorprendente: el eje intestino-cerebro.
Las investigaciones más recientes han encontrado diferencias en la microbiota intestinal de las personas con migraña y están estudiando cómo la inflamación, la permeabilidad intestinal, los metabolitos producidos por las bacterias y determinados neurotransmisores podrían participar en esta relación. Además, existe otra pieza del puzzle que resulta especialmente interesante: la histamina. Pero ¿qué sabemos realmente y qué parte de lo que encontramos en redes sociales todavía no está demostrada?
La migraña es un trastorno neurológico que se caracteriza por ataques recurrentes. El dolor suele ser pulsátil y puede afectar a un lado de la cabeza, aunque no siempre. Puede acompañarse de náuseas, vómitos y una mayor sensibilidad a la luz, los sonidos o determinados olores. Algunas personas también presentan aura, con síntomas visuales, sensitivos o del lenguaje antes o durante el ataque. Y algo importante: los desencadenantes no son la causa de la migraña.
Una persona puede identificar que dormir poco, saltarse una comida, consumir alcohol o atravesar una época de mucho estrés favorece sus ataques, pero eso no significa que esos factores sean los responsables de que tenga migraña. La genética y diferentes mecanismos neurológicos tienen un papel fundamental.
Nuestro intestino y nuestro cerebro están comunicados constantemente. Existe una red de comunicación conocida como eje intestino-cerebro, en la que participan el sistema nervioso, el sistema inmunitario, hormonas, metabolitos producidos por la microbiota y diferentes neurotransmisores.
Por eso, lo que ocurre en el intestino puede influir en procesos que van mucho más allá de la digestión. Y también ocurre al revés. El estrés y determinados estados emocionales pueden modificar la motilidad intestinal, la sensibilidad digestiva y el funcionamiento del propio ecosistema intestinal.
Es decir: cerebro ↔ intestino. La comunicación es bidireccional.
Esta es una de las áreas que más está creciendo en investigación. Una revisión sistemática publicada en 2025 analizó los estudios disponibles sobre microbiota intestinal y migraña y encontró diferencias en la composición de la microbiota entre personas con migraña y controles. Entre los hallazgos descritos aparecía una menor presencia de determinados microorganismos, como Faecalibacterium, y una mayor presencia de otros, como Veillonella, aunque los resultados no son completamente uniformes entre estudios.
Otra revisión publicada también en 2025 concluyó que las personas con migraña presentan alteraciones tanto en la composición como en la función de la microbiota y que existe una relación potencial entre microbiota, inflamación y mecanismos neurológicos implicados en la migraña.
Esto es interesante, pero hay que interpretar estos resultados con cuidado. Encontrar una microbiota diferente no significa que esa alteración sea la causa de la migraña. Puede ser parte del problema, una consecuencia de la enfermedad, del tratamiento, de los hábitos alimentarios o una combinación de diferentes factores. Todavía estamos intentando averiguarlo.
Una de las hipótesis que se está investigando es que determinadas alteraciones de la microbiota puedan modificar la respuesta inmunitaria y favorecer un entorno inflamatorio que influya sobre el sistema nervioso. Las bacterias intestinales producen diferentes metabolitos, entre ellos ácidos grasos de cadena corta, que participan en la comunicación entre intestino y organismo.
Además, el intestino está relacionado con diferentes vías inmunitarias y neurológicas que pueden influir en la sensibilidad al dolor. Por eso, actualmente se estudia si modificar el entorno intestinal podría llegar a influir en la frecuencia o intensidad de las migrañas. Pero todavía estamos lejos de poder decir que “curar la microbiota cura la migraña”.
Aquí entramos en un tema especialmente interesante. La histamina es una molécula que nuestro organismo produce de forma natural y que participa en diferentes funciones, entre ellas la respuesta inmunitaria y la regulación de determinados procesos neurológicos. También podemos encontrar histamina en los alimentos, especialmente cuando se producen determinados procesos de fermentación, maduración o conservación.
Algunos ejemplos son:
Pero aquí hay que hacer una distinción fundamental: que un alimento contenga histamina no significa que vaya a provocar migraña en todo el mundo. La capacidad de metabolizar la histamina también importa.
Una de las enzimas encargadas de degradar la histamina procedente de los alimentos es la diamino oxidasa o DAO. Cuando la degradación de la histamina está comprometida, algunas personas pueden experimentar síntomas después de consumir alimentos ricos en histamina.
Entre los síntomas descritos se encuentran manifestaciones digestivas, cutáneas, cardiovasculares y también cefalea o migraña. Una revisión publicada en 2025 analiza precisamente la relación entre actividad de DAO, metabolismo de la histamina y síntomas como la migraña. Además, una revisión de 2024 plantea una posible conexión entre la histamina procedente de los alimentos, la DAO y el CGRP, uno de los principales mediadores implicados en la fisiopatología de la migraña. Esto resulta especialmente interesante porque el CGRP es actualmente uno de los principales objetivos terapéuticos en el tratamiento de la migraña.
Pero, de nuevo: esto no significa que toda persona con migraña tenga intolerancia a la histamina. Ni que una dieta baja en histamina sea necesaria para todas las personas con migraña.
No automáticamente. Este es un punto muy importante porque las dietas bajas en histamina pueden llegar a ser bastante restrictivas.
Si una persona tiene migrañas y elimina por su cuenta: lácteos + gluten + fruta + tomate + fermentados + pescado + chocolate + frutos secos… puede terminar con una alimentación muy limitada sin saber realmente qué alimentos son sus desencadenantes.
Tiene mucho más sentido identificar patrones individuales.
Por ejemplo, si una persona observa repetidamente que determinadas comidas coinciden con sus ataques, puede ser interesante registrar: qué ha comido + cantidad + hora + sueño + estrés + ciclo menstrual + actividad física + medicación + aparición de síntomas. Esto permite buscar patrones en lugar de eliminar alimentos indiscriminadamente.
Sí, algunas personas identifican determinados alimentos o bebidas como desencadenantes. Entre los más descritos encontramos:
Alcohol, especialmente vino.
Cafeína, tanto por exceso como por cambios bruscos en su consumo.
Algunos alimentos procesados o curados, especialmente en personas sensibles.
Chocolate, aunque la relación puede ser más compleja de lo que parece.
Pero hay algo muy importante: no todos los desencadenantes son iguales para todas las personas.
De hecho, la investigación actual sobre alimentación y migraña destaca precisamente la gran variabilidad individual. Por eso no me parece buena idea entregar a todas las personas con migraña una lista idéntica de alimentos prohibidos.
Imagina que tienes migraña y encuentras una lista en internet que dice: “Evita chocolate, queso, tomate, cítricos, frutos secos, aguacate, café, lácteos, gluten, carne procesada…”
Si eliminas todo de golpe y tus migrañas mejoran, ¿cómo sabes cuál era el desencadenante?
No puedes.
Y además puedes terminar siguiendo una alimentación innecesariamente restrictiva. Una estrategia mucho más útil es registrar los episodios y buscar relaciones repetidas. Si un alimento aparece una vez antes de una migraña, eso no significa necesariamente que sea responsable. Si aparece repetidamente y en diferentes circunstancias, entonces sí puede ser interesante investigarlo.
Este es probablemente uno de los puntos más importantes del artículo. Una persona puede estar comiendo perfectamente y seguir teniendo migrañas frecuentes si duerme cinco horas, se salta comidas, vive con un nivel de estrés elevado o apenas realiza actividad física. La American Migraine Foundation utiliza el acrónimo SEEDS para recordar cinco pilares relacionados con el estilo de vida:
S — Sleep: sueño.
E — Exercise: ejercicio.
E — Eat: alimentación regular.
D — Diary: registro de síntomas y posibles desencadenantes.
S — Stress: manejo del estrés.
Estos hábitos no “curan” la migraña, pero pueden ayudar a reducir desencadenantes y mejorar su manejo.
No se trata únicamente de dormir muchas horas. También importa mantener horarios relativamente regulares.
Dormir muy poco durante varios días, cambiar completamente los horarios el fin de semana o dormir muchísimo después de una noche mala puede alterar el patrón de algunas personas con migraña. Por eso, intenta mantener: horarios de sueño relativamente constantes + suficiente descanso + una buena higiene del sueño.
El ayuno prolongado o saltarse comidas puede actuar como desencadenante en algunas personas. No significa que todo el mundo con migraña tenga que comer cada tres horas. Significa que, si observas que tus ataques aparecen después de muchas horas sin comer, merece la pena tenerlo en cuenta. La regularidad puede ser más importante que seguir una dieta concreta.
La deshidratación puede actuar como desencadenante en algunas personas. No necesitas beber cantidades exageradas. Simplemente intenta que el agua sea tu bebida principal y evita llegar habitualmente a situaciones de sed intensa. Especialmente importante si haces ejercicio, estás enferma, hace mucho calor o has tenido vómitos.
La relación con la cafeína es curiosa. En algunas personas puede formar parte del desencadenamiento de una crisis, mientras que en otras puede incluso potenciar el efecto de determinados analgésicos. Además, el consumo habitual genera adaptación, por lo que un cambio brusco en la cantidad de cafeína también puede desencadenar dolor de cabeza.
Por eso no siempre es buena idea pasar de cuatro cafés diarios a cero de un día para otro. Si se quiere reducir, suele ser preferible hacerlo progresivamente.
El ejercicio puede formar parte del manejo de la migraña y además aporta beneficios para la salud cardiovascular, metabólica y emocional. No hace falta empezar haciendo entrenamientos extremadamente intensos. Caminar, bicicleta, natación, entrenamiento de fuerza o ejercicio aeróbico adaptado pueden formar parte de una rutina saludable. Lo importante es encontrar una actividad que puedas mantener.
El estrés no “causa” la migraña, pero puede actuar como desencadenante o contribuir a empeorar su control. Por eso, estrategias como: respiración, meditación, terapia psicológica, actividad física, descanso, organización de horarios o simplemente disponer de momentos de desconexión pueden formar parte del abordaje. No porque “todo esté en la cabeza”, sino porque el sistema nervioso y el organismo están conectados.
Si queremos hablar de intestino y migraña, no necesitamos empezar eliminando alimentos. Podemos empezar por algo mucho más sencillo: alimentación variada + fibra suficiente + frutas y verduras + legumbres + frutos secos y semillas + alimentos mínimamente procesados.
La microbiota necesita diversidad y sustratos para funcionar adecuadamente. Los estudios sobre probióticos en migraña son prometedores, pero todavía no permiten recomendar un probiótico concreto para todas las personas con migraña. Una revisión y metaanálisis publicado en 2025 encontró resultados interesantes, pero también señaló que la evidencia clínica continúa siendo limitada y heterogénea. Por tanto, no deberíamos convertir “tienes migraña” en “necesitas este probiótico”.
Algunos nutrientes han sido estudiados en el contexto de la prevención de la migraña, especialmente:
Magnesio.
Riboflavina (vitamina B2).
Coenzima Q10.
Y también existen investigaciones sobre omega-3 y otros nutrientes. Una revisión reciente sobre alimentación y migraña señala que algunos de estos nutrientes pueden tener potencial como estrategias complementarias, aunque la evidencia no es igual de sólida para todos. Lo importante es entender que un suplemento no sustituye el tratamiento médico de la migraña y que las dosis deberían individualizarse.
Es una posibilidad que se está investigando y cada vez existe más evidencia que apunta a una relación entre ambos sistemas. Pero sería incorrecto decir:
“Tienes migraña porque tienes el intestino mal.”
La migraña es una enfermedad neurológica compleja y probablemente intervienen múltiples factores.
Lo que sí parece cada vez más interesante es que el intestino puede formar parte de la red de mecanismos que influyen en la susceptibilidad a las crisis.
La investigación sobre microbiota, inflamación, metabolitos intestinales y eje intestino-cerebro está creciendo rápidamente, pero todavía necesitamos ensayos clínicos más grandes y mejor diseñados para saber qué intervenciones pueden tener un beneficio real.
La alimentación puede ser una pieza importante, especialmente cuando existen determinados desencadenantes o síntomas digestivos asociados. Pero una persona con migraña frecuente necesita un abordaje global. El tratamiento médico, la identificación de desencadenantes, el sueño, la actividad física, el estrés, la alimentación y, cuando sea necesario, el trabajo psicológico pueden formar parte de un abordaje integral.
Y si además existen síntomas digestivos importantes, puede tener mucho sentido valorar cómo están interactuando ambos sistemas. La clave no es encontrar “la dieta para la migraña”. Es descubrir qué factores están influyendo en esa persona concreta.
Cada vez sabemos más sobre la conexión entre cerebro, intestino y microbiota, y la migraña es uno de los campos en los que esta relación está despertando mayor interés. La evidencia reciente muestra que las personas con migraña pueden presentar diferencias en su microbiota intestinal y que existen mecanismos plausibles que conectan microbiota, inflamación, sistema inmunitario y sistema nervioso.
La histamina también podría tener un papel en un subgrupo de personas, especialmente cuando existen alteraciones en su degradación, pero no todas las personas con migraña tienen intolerancia a la histamina. Por eso, más que eliminar alimentos indiscriminadamente, el objetivo debería ser identificar desencadenantes individuales y construir un estilo de vida que reduzca la susceptibilidad a las crisis.
No necesitas tener una alimentación perfecta para controlar tu migraña. Necesitas descubrir qué necesita tu cuerpo y qué factores están influyendo realmente en tus crisis.
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