Durante años hemos conocido esta enfermedad como Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP). Sin embargo, este 2026 un consenso internacional publicado en The Lancet y respaldado por decenas de sociedades científicas propuso cambiar su nombre por Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP).
¿Es una enfermedad nueva? No.
¿Han cambiado los criterios diagnósticos? Tampoco.
Lo que ha cambiado es la forma de entender una enfermedad que afecta aproximadamente a 1 de cada 8 mujeres y que va mucho más allá de los ovarios.
El problema del nombre «Síndrome de Ovario Poliquístico»
El antiguo nombre llevaba años generando confusión.
Muchas mujeres recibían el diagnóstico y pensaban inmediatamente:
«¿Tengo quistes en los ovarios?»
Y la respuesta, en la mayoría de los casos, era no.
Lo que suele observarse en la ecografía son múltiples folículos pequeños que no llegan a madurar correctamente, no quistes ováricos como los que conocemos habitualmente.
Además, no todas las mujeres con este síndrome presentan esa imagen ecográfica. De hecho, algunas cumplen criterios diagnósticos sin tener ovarios poliquísticos.
El nombre hacía que tanto pacientes como algunos profesionales centraran toda la atención en los ovarios, cuando realmente el problema es mucho más amplio.
¿Por qué ahora se llama SOMP?
El nuevo nombre intenta describir mucho mejor lo que ocurre en el organismo.
Síndrome porque engloba diferentes manifestaciones.
Ovárico porque el ovario sigue siendo uno de los órganos afectados.
Metabólico porque muchas mujeres presentan alteraciones como resistencia a la insulina, dificultad para controlar el peso, mayor riesgo de prediabetes o diabetes tipo 2 y un aumento del riesgo cardiovascular.
Poliendocrino porque no afecta únicamente a las hormonas sexuales. También intervienen otras hormonas relacionadas con el metabolismo, la insulina y diferentes glándulas endocrinas.
Es decir, el nuevo nombre refleja que no estamos ante un problema exclusivamente ginecológico.
Mucho más que reglas irregulares
Aunque muchas personas asocian esta enfermedad únicamente con alteraciones menstruales, la realidad es que puede manifestarse de muchas formas.
Algunas mujeres presentan:
Reglas irregulares o ausencia de menstruación.
Dificultad para ovular.
Acné persistente.
Exceso de vello corporal.
Caída del cabello.
Dificultad para quedarse embarazada.
Otras consultan porque les cuesta perder peso a pesar de cuidarse o porque presentan resistencia a la insulina.
Y otras apenas tienen síntomas ginecológicos, pero sí alteraciones metabólicas importantes.
Por eso el nombre anterior se quedaba corto.
La resistencia a la insulina: una de las grandes protagonistas
Uno de los aspectos que más justifica este cambio es la importancia del metabolismo.
Se estima que una gran parte de las mujeres con SOMP presentan algún grado de resistencia a la insulina, incluso con un peso normal.
Cuando las células responden peor a la insulina, el organismo necesita producir más cantidad para mantener estable la glucosa.
Ese exceso de insulina favorece la producción de andrógenos por parte del ovario, empeorando síntomas como el acné, el exceso de vello o las alteraciones de la ovulación.
Por eso hoy sabemos que tratar únicamente las hormonas muchas veces no es suficiente.
Cambia el nombre, pero también la forma de tratarlo
Este cambio supone también una forma diferente de abordar la enfermedad.
Durante años muchas mujeres recibían como única opción anticonceptivos hormonales.
Aunque en algunos casos pueden ser útiles para controlar determinados síntomas, hoy sabemos que el tratamiento debe adaptarse a cada paciente.
Algunas necesitarán trabajar especialmente la resistencia a la insulina.
Otras requerirán un enfoque centrado en la fertilidad.
Otras necesitarán mejorar la composición corporal, el acné o el exceso de vello.
No existe un único tratamiento válido para todas.
La alimentación sigue siendo uno de los pilares
La nutrición no cura el SOMP, pero sí puede mejorar muchos de los mecanismos implicados.
Una alimentación basada en alimentos frescos, rica en proteínas de calidad, verduras, grasas saludables y fibra ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina y favorece un mejor control metabólico.
También es importante mantener una buena masa muscular mediante ejercicio de fuerza, ya que el músculo es uno de los principales consumidores de glucosa.
En algunos casos, suplementos como el inositol pueden formar parte del tratamiento, siempre bajo valoración profesional.
Un cambio que también ayuda a las pacientes
Más allá del aspecto científico, este cambio tiene un componente muy importante.
Muchas mujeres llevaban años sintiendo que nadie entendía lo que les ocurría porque el nombre de la enfermedad reducía todo a «tener ovarios poliquísticos».
El término SOMP ayuda a explicar que hablamos de una enfermedad compleja que puede afectar a la fertilidad, la piel, el metabolismo, el peso, la salud cardiovascular y el bienestar emocional.
Y eso también puede contribuir a un diagnóstico más precoz y a tratamientos más completos.
Conclusión
El cambio de SOP a SOMP no significa que haya aparecido una enfermedad nueva. Significa que, por fin, el nombre refleja mejor lo que la ciencia lleva años demostrando: que esta es una enfermedad hormonal y metabólica compleja, y no solo un problema de los ovarios.
Este nuevo enfoque recuerda algo muy importante: cada mujer con SOMP es diferente. Por eso el tratamiento debe ser individualizado, teniendo en cuenta no solo el ciclo menstrual o la ecografía, sino también la salud metabólica, los síntomas, los objetivos y la calidad de vida.
Porque entender mejor una enfermedad es también el primer paso para tratarla mejor.
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