La diverticulitis es una de las patologías digestivas más frecuentes, especialmente a partir de los 50 años. Sin embargo, muchas personas la confunden con la diverticulosis o no saben realmente qué ocurre en el intestino cuando aparece un brote.
Además, durante muchos años se han dado recomendaciones nutricionales que hoy sabemos que han quedado obsoletas, como evitar frutos secos, semillas o palomitas de maíz. La evidencia científica actual ha cambiado nuestra forma de entender esta enfermedad.
En este artículo te explico qué es la diverticulitis, cómo se diagnostica y qué papel juega la alimentación tanto durante un brote como en la prevención de nuevos episodios.
¿Qué son los divertículos?
Los divertículos son pequeñas bolsas que se forman en la pared del colon debido al debilitamiento de algunas zonas de la musculatura intestinal.
Tener divertículos se conoce como diverticulosis y, en la mayoría de los casos, no produce ningún síntoma. De hecho, muchas personas descubren que los tienen al realizarse una colonoscopia por otro motivo.
El problema aparece cuando uno o varios de esos divertículos se inflaman o se infectan. En ese momento hablamos de diverticulitis.
¿Por qué aparece una diverticulitis?
No existe una única causa, pero sí varios factores que aumentan el riesgo. La edad es uno de los principales, ya que los divertículos son más frecuentes con el paso de los años. También influyen una alimentación pobre en fibra, el estreñimiento crónico, el sedentarismo, la obesidad, el tabaquismo y algunos medicamentos como los antiinflamatorios no esteroideos. Aunque antes se pensaba que pequeños restos de alimentos quedaban atrapados dentro de los divertículos y provocaban la inflamación, hoy sabemos que esta teoría no está respaldada por la evidencia científica.
Síntomas más habituales
La diverticulitis suele aparecer de forma aguda y los síntomas pueden variar según la gravedad. Los más frecuentes son:
– Dolor intenso en la parte inferior izquierda del abdomen.
-Fiebre.
-Náuseas o vómitos.
– Distensión abdominal.
– Cambios en el ritmo intestinal, con estreñimiento o diarrea.
– Sensación de malestar general.
Cuando el dolor es intenso o aparece acompañado de fiebre, siempre debe valorarlo un profesional sanitario.
¿Cómo se diagnostica?
¡En un episodio agudo suele realizarse una analítica para valorar los marcadores de inflamación y, con frecuencia, un TAC abdominal, que permite confirmar el diagnóstico y detectar posibles complicaciones. La colonoscopia no suele realizarse durante el brote porque existe mayor riesgo de complicaciones. Habitualmente se recomienda varias semanas después, una vez resuelta la inflamación.
Alimentación durante un brote
Durante la fase aguda el intestino necesita disminuir su trabajo para favorecer la recuperación.
Dependiendo de la intensidad del brote y de las indicaciones médicas, inicialmente puede recomendarse una dieta líquida o baja en residuos durante unos días.
A medida que los síntomas mejoran, se introducen progresivamente alimentos fáciles de digerir como arroz blanco, patata cocida, zanahoria, calabacín, pollo, pescado blanco o huevo. La reintroducción de la alimentación habitual debe hacerse de forma progresiva y siempre siguiendo las recomendaciones del equipo médico.
Alimentación una vez superado el brote
Aquí es donde muchas personas siguen manteniendo restricciones innecesarias durante años.
Una vez resuelta la diverticulitis, el objetivo es precisamente el contrario: favorecer un intestino sano y un tránsito intestinal adecuado.
La evidencia actual recomienda una alimentación rica en fibra procedente de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos, siempre que exista buena tolerancia.
La fibra ayuda a mejorar el tránsito intestinal y podría reducir el riesgo de nuevos episodios.
¿Hay que evitar las semillas o los frutos secos?
Esta es probablemente una de las preguntas más frecuentes.Durante décadas se recomendó evitar semillas, frutos secos, maíz o palomitas porque se pensaba que podían quedarse atrapados en los divertículos. Sin embargo, los estudios actuales no han encontrado evidencia que apoye esta recomendación.
De hecho, consumir frutos secos y alimentos ricos en fibra se asocia con un mejor estado de salud intestinal en muchas personas.
Por supuesto, durante un brote agudo las recomendaciones cambian, pero fuera de esa fase no suele ser necesario eliminarlos de forma sistemática.
La importancia de prevenir el estreñimiento
Uno de los principales objetivos del tratamiento nutricional es evitar el estreñimiento.
Para ello es importante:
Consumir suficiente fibra.
Mantener una buena hidratación.
Realizar actividad física de forma regular.
No retrasar el momento de ir al baño cuando aparece la necesidad.
Un tránsito intestinal adecuado disminuye la presión dentro del colon y favorece un mejor funcionamiento digestivo.
¿Qué papel tiene la microbiota?
Cada vez existen más investigaciones sobre la relación entre la microbiota intestinal y la enfermedad diverticular.
Aunque todavía queda mucho por conocer, se sabe que una microbiota diversa y equilibrada contribuye a mantener la integridad de la barrera intestinal y a modular la inflamación.
Por ello, una alimentación rica en alimentos vegetales, fibra y productos mínimamente procesados puede favorecer un ecosistema intestinal más saludable.
Conclusión
La diverticulosis y la diverticulitis no son lo mismo. Tener divertículos no significa que vayas a desarrollar inflamación, y cuando esta aparece, el tratamiento debe adaptarse a cada fase de la enfermedad.
La alimentación desempeña un papel fundamental, especialmente una vez superado el brote. Mantener una dieta rica en fibra, cuidar la microbiota, prevenir el estreñimiento y abandonar restricciones que ya no cuentan con respaldo científico puede ayudar a reducir el riesgo de nuevos episodios.
Y, como ocurre con muchas patologías digestivas, el mejor abordaje siempre será aquel que tenga en cuenta las necesidades y la tolerancia individual de cada persona.
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