Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son enfermedades complejas que afectan la relación de una persona con la comida, con su cuerpo y con sus emociones. No se trata de “falta de voluntad”, ni de “caprichos”, ni de “llamar la atención”. Son problemas serios de salud mental.
En consulta los veo cada vez con más frecuencia, y no solo en personas adultas: las edades de inicio están disminuyendo y vemos casos incluso en niños de 8-9 años. Por eso es tan importante saber identificar señales, comprender qué hay detrás y saber cómo actuar.
Los TCA incluyen trastornos como anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, trastorno por atracón, ARFID (evitación-restricción alimentaria), vigorexia, ortorexia… todos con un denominador común:
la alimentación se convierte en un foco de ansiedad, culpa, vergüenza o control, interfiriendo con la vida diaria y la salud.
Aunque se manifiestan a través de la comida, no van realmente de comida, sino de emociones, autoestima, necesidad de control, presión social, experiencias traumáticas o dificultades para gestionar situaciones.
No siempre son evidentes. Muchas personas con un TCA funcionan “bien” externamente, ocultan síntomas y normalizan conductas dañinas. Algunas señales en las que fijarse:
Restringir grupos de alimentos o cantidades sin motivo médico real.
Saltarse comidas o retrasarlas continuamente.
Evitar comer en público o preparar excusas para no compartir comidas.
Comer muy rápido, muy lento, o esconder comida.
Pérdida o aumento de peso importantes.
Amenorrea o ciclos muy irregulares.
Problemas digestivos frecuentes (hinchazón, estreñimiento, sensación de plenitud), muy comunes en mis pacientes.
Fatiga extrema, mareos o intolerancia al frío.
Obsesión por el peso, el cuerpo o las calorías.
Ejercicio excesivo o rígido.
Irritabilidad, aislamiento social o cambios bruscos de humor.
Uso de ropa muy holgada para ocultar el cuerpo.
Comentarios de odio hacia su cuerpo o comparaciones constantes.
Hoy más que nunca, las redes sociales son un factor clave. No la causa principal, pero sí un amplificador.
Filtros, cuerpos irreales y edición disfrazada de “natural”.
Comparaciones constantes.
“Nutrición” y “fitness” de personas sin formación que promueven dietas extremas.
Mensajes que glorifican la delgadez o el control absoluto de la comida.
Tendencias como body checking, retos de pérdida de peso o vídeos de “qué como en un día” completamente irreales.
Las redes no crean un TCA por sí solas, pero en personas vulnerables pueden reforzar la idea de que su cuerpo no es suficiente, que deben controlarlo o cambiarlo, o que comer es algo que siempre hay que “merecer”.
Los TCA tienen un origen multifactorial. No hay una única causa, pero sí factores que aumentan el riesgo:
Predisposición genética.
Alteraciones en neurotransmisores relacionados con ansiedad o impulsividad.
Baja autoestima.
Perfeccionismo.
Dificultad para gestionar emociones.
Historia de bullying o comentarios sobre el cuerpo.
Este punto es clave en 2025:
Cultura de dieta desde edades muy tempranas.
Hipersexualización y presión estética.
Redes sociales y comparación constante.
Normalización de conductas alimentarias rígidas (“comida clean”, ayuno sin supervisión, cheat meals…).
Hace 15-20 años, la edad de diagnóstico más habitual era la adolescencia tardía.
Hoy vemos inicios a los 10–12 años, e incluso antes, con niños que verbalizan frases que antes solo oíamos en adultos:
“No quiero engordar”
“Eso tiene muchas calorías”
“Quiero tener la barriga plana”
Esto nos muestra la urgencia de educar en salud, diversidad corporal y relación sana con la comida.
Acompañar es difícil, porque no puedes forzar, controlar ni “convencer” a la persona. Pero sí puedes apoyar desde un lugar seguro y respetuoso.
Evita frases como:
“Tienes que comer más y ya está”
“Si quieres, puedes”
“Pero si estás bien de peso”
Son dañinas y simplifican algo que es complejo.
Puedes usar frases como:
“Entiendo que esto te está costando mucho.”
“Estoy aquí contigo.”
“No estás sola/o en esto.”
Ni positivos ni negativos.
Los comentarios pueden reforzar la obsesión o aumentar el malestar.
Tu rol no es controlar lo que come, sino estar presente sin presionar.
Desde un lugar de cuidado, no de exigencia.
Pedir ayuda es un acto de valentía, no de debilidad.
Si tú o alguien cercano está pasando por esto, da el primer paso.
Los TCA requieren un equipo:
Psicóloga especialista en TCA
Nutricionista especializada en TCA y patologías digestivas
En algunos casos, psiquiatra
Un abordaje conjunto es lo que ofrece mejores resultados.
La frase “hasta que no toque fondo no hará nada” es peligrosa.
Cuanto antes se interviene, mejor pronóstico.
A veces el primer paso es contárselo a alguien cercano para no cargar con ello en soledad.
Puedes decir algo como:
“Me preocupa cómo te estás sintiendo. Si quieres, puedo ayudarte a buscar apoyo y acompañarte en el proceso.”
Los trastornos alimentarios no se curan con fuerza de voluntad. Tampoco son una moda.
Son enfermedades serias que merecen ser abordadas con respeto, sensibilidad y profesionalidad.
Si necesitas apoyo, estoy aquí para acompañarte desde un enfoque integrador, seguro y sin juicios.
Tu relación con la comida y con tu cuerpo puede sanar, paso a paso, con la ayuda adecuada.
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