Cada vez más personas eliminan el gluten de su alimentación porque notan molestias digestivas o se sienten mejor sin él. Pero no siempre está claro si el problema es realmente una celiaquía, una sensibilidad al gluten o algo distinto.
Y aunque los síntomas puedan parecer similares, las causas, las pruebas diagnósticas y el abordaje nutricional son muy diferentes.
Vamos a ver las claves para entender cada caso
La celiaquía es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario reacciona de forma anómala al gluten (una proteína presente en trigo, cebada, centeno y derivados).
Esa reacción provoca daño en las vellosidades intestinales, dificultando la absorción de nutrientes y generando síntomas digestivos y extra-digestivos.
Síntomas más frecuentes:
Distensión abdominal, gases, diarrea o estreñimiento.
Fatiga, pérdida de peso o anemia.
Dolores articulares, aftas bucales, alteraciones en piel o menstruación.
Cambios de humor, ansiedad o niebla mental (sí, el intestino también influye en la mente).
Diagnóstico:
Analítica de sangre: detección de anticuerpos específicos (anti-transglutaminasa IgA, anti-endomisio, anti-gliadina).
Confirmación por biopsia intestinal: muestra del intestino delgado que confirma el daño en las vellosidades.
Genética (HLA-DQ2 / HLA-DQ8): su presencia no confirma la enfermedad, pero su ausencia prácticamente la descarta.
Es importante: no eliminar el gluten antes de hacer las pruebas, ya que puede dar falsos negativos.
La sensibilidad al gluten no celíaca (SGNC) es un cuadro más reciente y todavía en estudio. Se da en personas que no son celíacas ni alérgicas al trigo, pero que experimentan síntomas similares tras consumir alimentos con gluten.
No hay daño intestinal ni respuesta autoinmune, pero sí una respuesta inflamatoria o funcional, que puede implicar también otros componentes del trigo, como los fructanos (un tipo de FODMAP).
Síntomas más comunes:
Dolor o hinchazón abdominal.
Cambios en el ritmo intestinal.
Cansancio, niebla mental o malestar general tras comer gluten.
Empeoramiento de síntomas de SII (síndrome de intestino irritable).
Diagnóstico:
No existen pruebas específicas. El diagnóstico se realiza por exclusión:
Se descarta primero celiaquía y alergia al trigo.
Si los resultados son negativos, se realiza una prueba controlada de eliminación y reintroducción del gluten bajo supervisión profesional.
| Aspecto | Celiaquía | Sensibilidad al gluten no celíaca |
|---|---|---|
| Tipo de respuesta | Autoinmune | No autoinmune |
| Daño intestinal | Sí, atrofia de vellosidades | No hay daño estructural |
| Anticuerpos positivos | Sí | No |
| Diagnóstico | Analíticas + biopsia | Por exclusión |
| Dieta sin gluten | Estricta y permanente | Individualizada, flexible según tolerancia |
| Riesgos si se consume gluten | Daño intestinal, riesgo de deficiencias y enfermedades autoinmunes | Malestar digestivo y general |
Muchas personas eliminan el gluten por su cuenta tras notar mejoría digestiva. Sin embargo, no todo el malestar con el pan o la pasta se debe al gluten.
En algunos casos, los síntomas pueden deberse al haber reducido muchos procesados de la alimentación, o bien por los FODMAPs (en caso de un SIBO enmascarado), fermentos del trigo o incluso a una microbiota alterada.
Por eso, antes de retirar el gluten es esencial valorar con un profesional qué está pasando y hacer las pruebas adecuadas.
Eliminar el gluten sin diagnóstico puede dificultar la detección de celiaquía y llevar a restricciones innecesarias que empeoran la relación con la comida.
Tanto en la celiaquía como en la sensibilidad al gluten, la alimentación debe adaptarse sin generar miedo, obsesión ni aislamiento social.
Una dieta sin gluten mal planificada puede ser baja en fibra, vitaminas del grupo B o minerales como hierro y zinc.
Por eso, el acompañamiento nutricional es clave para:
Garantizar una alimentación equilibrada y variada.
Identificar otros alimentos que puedan estar afectando la digestión.
Trabajar el miedo a comer o la ansiedad alimentaria que a veces surge tras el diagnóstico.
El gluten no es el enemigo, pero tampoco todas las personas lo toleran igual.
La clave está en no autodiagnosticarse y buscar un acompañamiento profesional que ayude a entender el origen real de los síntomas.
Si sospechas que el gluten te afecta, no elimines alimentos por tu cuenta. Primero, hagamos las pruebas necesarias y luego, si es preciso, adaptamos tu alimentación sin perder el equilibrio ni el disfrute.
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